Crónicas sobre lo mismo.
-Me lo cogí, negrito-, me contestó mi amiga: “y ya me quería llevar de Chiapas”, se río de buena gana, recordando algo de la intimidad con ese bato, y la neta la miré divertido, luego de siete lustros de conocernos, desde nuestras primeras peripecias de trago, en aquel “Ché Garufas” de mar y tierra, por lo que solo me quedó sumar el veneno puro al decirle que, por unos días, fue cuñada del gobernador, y me mandó a la verga con un además coqueto: “ahora sí que una vez que me vine, se fue”, dijo maléfica, esa tarde que fui por el descrude, pues un día antes había estado duro el tiro, y desde medio día en que pasé por la nieta a su kínder, ya se me antojaba una fría, y pues en la primera cantina que vi luego de dejar a mi preciosa, “clávome” a bajarme una mi viky y ahí venden de a caguamón, espacio ese que descubrí gracias al buena gente del Henry o Jonny o “peoresnada” o cómo le digan a ese verga, pero el caso es que entrando al local, la vi.
Wera, mirada tranquila pero sufrida, no esbelta, pero muy bien la mujer de tez acanelada, que regresó la inspección curiosa de que el ruco la mirara con interés, y se acercó a preguntarnos “que van a tomar”, y el Elam, se adelantó a contestar para robarse la atención de la rukibuena, y pues me valió y guardé silencio, we, y una vez dado el pedido se volteó a verme de nuevo y así, a bote pronto me dijo: “y le gustó lo que vio”, y pues acostumbrado a la refranera dura de mis amigas bravas, le contesté: “y a usted, lo que queda”, refiriéndome a mí.
Rio de buena gana, mientras el asesino de tapires no entendía ni madres, hasta que la agarró en el aire: “te tiró el perro, viejo verga”, y la neta me sentí chido, pero la miré con admiración por guapa, no por otra intención.
El Henry llegó tarde y pobre; nos bajamos unas más y salimos de ahí, pero con tiempo de oír a la mujer decirle a otra: “igual de sugar… se ve que aguanta el viejito”…
-Esa noche soñé que era un gladiador en un planeta extraño, en un futuro lejano, y ya era un ser medio cibernético, le dije a un cabrón que no tiene paz porque todo él es aún una confusión genética, entre denisovano, neandertal y astrolopiteco, por asiático, ojo verde y enano: “si ya usted tiene el talguate en modo mecánico para que funcione, tío” dijo escurriendo cicuta de los labios hinchados por la ponzoña que lo consume lentamente, por lo que tiene que expulsar la sustancia sobre quien sea, aun su propia imagen en el espejo: “le pongo casa, comida y helipuerto” le dije para que sacara la inquina genuina que lo acompaña, y que hace que se le atoren las palabras en la lengua, o igual en el cerebro, aunque a veces, solo a veces, dudamos que tenga… bueno, voy por una, ya es más de medio día, vergos.
René Delios



